
En un post anterior publiqué un video de la cobertura que hizo Jon Stewart (el anfitrión y productor de
The Daily Show en Comedy Central sobre el affair de John Edwards. Lo hice porque como siempre, fue el único que destacó la imbecilidad de los medios al insistir en el escándalo sexual y no en el verdadero escándalo político de Bush y la carta falsificada.
Hoy el periódico
The New York Times publica un largo artículo sobre Stewart titulado “
Is Jon Stewart The Most Trusted Man in America?”. Leyendo el artículo me acordaba de un post que acaba de publicar
Eugenio en el cual dice que para informarse de la realidad en Puerto Rico en lugar de creerle a los medios prefiere leer
El Ñame.
El autor del artículo, Michiko Kakutani, destaca que el show se ha convertido en una fuerza cultural y política. Revela que hace un año se hizo una encuesta para saber cuál era el periodista que más admiraba el pueblo estadounidense. Para sorpresa de muchos, el “ancla de noticias falsas” empató con los “anclas de noticias reales” como Brian Williams, Tom Brokaw, Dan Rather y Anderson Cooper. Más importante aún, en un momento en que Fox, MSNBC and CNN mezclan las noticias con el entretenimiento dando cobertura a asuntos de sexo y celebridades, el
Daily Show ha mantenido su cobertura de asuntos realmente serios y deprimentes en la administración de Bush.
El autor señala, con mucha razón, que el “The Daily Show” impacta no solamente por su comicidad sino “porque su agudo sentido del absurdo está perfectamente sintonizado a una era en la cual la disonancia cognitiva se ha convertido en una epidemia nacional.” Dice que Stewart mismo describe su show como uno que busca entretener y no informar. Sin embargo él y los escritores le meten mano a los grandes issues del momento, las historias a las que Stewart se refiere como su “morning cup of sadness”. Lo importante es que abordan esas historias en una forma que los programas de noticias “serios” no pueden: en lenguaje directo, fuerte y a veces profano a la vez que usan la sátira y loqueras cómicas para asegurarse de que nunca su análisis político se convierta en algo solemne o pretensioso.
Stewart dice que la realidad diaria del momento dificulta mucho hacer sátira al estilo “Dr. Strangelove”. Es que el absurdo de lo que uno imagina como lo más terrible de las teorías conspirativas muchas veces termina siendo verdad, señala Stewart.
Yo soy una de las fanáticas del
Daily Show por eso mismo, uno se entera de lo que los demás noticieros ocultan. Por eso no me pierdo lo que Stewart dirá mañana sobre el “debate” o foro, de McCain y Obama en nada menos que una iglesia, contestando preguntas sobre "moralidad" y creencias “cristianas” que durante una hora les hizo un ministro. ¡Hasta dónde puede llegar la estupidez e hipocresía de los medios y la política estadounidenses!
(La foto de Stewart es de Michael Nagle para
The New York Times)